Informe de Política Monetaria

Informe de Política Monetaria - Julio 2022
Documento Completo IPM
Resumen Ejecutivo IPM:

En el primer semestre de 2022, nuevos riesgos emergieron en el plano mundial, generando un contexto altamente desafiante para los bancos centrales, en la medida que se incrementaron las presiones inflacionarias globales, hasta alcanzar tasas no observadas en décadas, a la vez que se observó una ralentización de la actividad económica global.
Por una parte, el conflicto bélico en Ucrania generó una nueva oleada de incertidumbre, con efectos más que considerables en materia comercial, reduciendo la oferta global de cereales y bienes energéticos; dada la elevada importancia que poseen las partes en conflicto en la oferta exportadora mundial de estos bienes, su menor abastecimiento repercutió fuertemente en los precios internacionales de los mercados de commodities.
Esto se transmitió a los indicadores de precios domésticos de los países del mundo que ya venían experimentando presiones alcistas por factores de demanda, tras la relajación de las medidas más restrictivas de distanciamiento social; las presiones respondieron también a factores de oferta, a consecuencia de los mayores costos operativos por disrupciones en las cadenas globales de aprovisionamiento. Lo último fue una más de las consecuencias de la pandemia del Covid-19, en un marco en el que continuó el surgimiento de nuevas variantes, anotándose cifras de contagios elevadas.
La retroalimentación de estos eventos, combinación que por su complejidad resulta no deseable en la perspectiva de un hacedor de política, indujo alzas de precios inusitadas. Por una parte, este episodio inflacionario viene transcurriendo en economías desarrolladas, en las que resultó, en un inicio, ser más persistente que lo esperado por sus autoridades monetarias. Asimismo, también se perciben sus efectos en países de nuestra región, donde la depreciación elevada de las monedas también ejerció un rol importante como fuente de mayores variaciones de precios.
Las circunstancias son ciertamente complejas y no se espera su reversión en el corto plazo. En este marco adverso a nivel internacional, cobran mayor notoriedad los resultados favorables registrados por la economía boliviana en la primera mitad de esta gestión.
De inicio, la reactivación económica mantuvo su dinamismo, alcanzando un crecimiento de 4,0% el primer trimestre de 2022. Asimismo, a contracorriente del escenario global y regional, donde la inflación constituye un riesgo latente para la estabilidad económica y social, en Bolivia la variación de precios se mantiene en tasas bajas. Al primer semestre del año, la inflación acumulada fue de 1,2%, posicionando a nuestra economía no sólo como la de menor inflación en Sudamérica, sino también como una de las más bajas a nivel mundial.
El desempeño del sector externo fue igualmente positivo, destacando el superávit en la Cuenta Corriente por segundo año consecutivo, apoyado por el saldo positivo en la Balanza Comercial y las mayores remesas recibidas. Lo anterior contribuyó al incremento de las Reservas Internacionales Netas (RIN), reflejando una gestión eficiente de dichos activos, ratificándose también la disponibilidad de recursos necesarios para cubrir las transacciones y obligaciones con el exterior.
La recepción de capitales evidencia la creciente confianza de los inversionistas extranjeros en el país; desde luego, ello responde a los favorables resultados macroeconómicos, así como al ambiente de certidumbre y estabilidad económica, social y política.
Dichas fortalezas, condujeron a que publicaciones especializadas a nivel internacional consideren a la economía boliviana como una de las mejor posicionadas para enfrentar los efectos en mercados globales originados por el conflicto entre Rusia y Ucrania. Una valoración externa adicional, que no es menor, se dio a finales del primer semestre, cuando se evidenció que la moneda nacional se viene empleando no sólo para transacciones comerciales, sino también como medio de ahorro por parte de la población de países vecinos en zonas fronterizas.
Los resultados anteriores no son aislados, sino que responden a la implementación de un marco de políticas económicas cohesionado, coordinado adecuadamente por parte de las Autoridades Monetaria y Fiscal.
La robusta institucionalidad en la cual se asienta la gestión macroeconómica, se basa en los lineamientos del Modelo Económico Social Comunitario Productivo. El actual marco de políticas, representa la exitosa culminación de un proceso que demandó años y cuyos avances se vieron en riesgo tras la asunción de un gobierno de facto, retroceso que afortunadamente pudo ser revertido tras la restauración democrática en el país.
En cuanto al rol del Banco Central, el primer semestre de 2022, el BCB en coordinación con el Órgano Ejecutivo llevó adelante una intervención activa, dando continuidad a la orientación expansiva de su política monetaria, principalmente a través de diferentes instrumentos no convencionales. Ciertamente, dicho accionar fue determinante para coadyuvar a dinamizar la actividad económica, preservar niveles adecuados de liquidez y resguardar la estabilidad financiera, manteniendo un equilibrio con el objetivo de control de la inflación. Estos resultados vieron posibilitada su materialización gracias a una adecuada complementación con las medidas del Órgano Ejecutivo.
Asimismo, la política de estabilidad cambiaria no sólo ayudó a mitigar las presiones inflacionarias externas, sino que también fue esencial al tiempo de configurar un entorno de certidumbre para los agentes económicos.
En un escenario externo de elevada volatilidad y con riesgos aún latentes asociados a la pandemia, la certidumbre generada fue sin duda muy importante para estabilizar las expectativas en el mercado cambiario nacional, así como en los mercados de bienes y servicios, siendo uno de los pilares para alcanzar bajas tasas de inflación.
La confianza en la moneda nacional fortalece el proceso de recuperación de la economía boliviana con estabilidad. En efecto, una moneda fuerte, además de políticas económicas efectivas y oportunas que gozan de elevada credibilidad en la población, constituyen parte fundamental de la estructura que permite y permitirá a la economía boliviana continuar transitando por la senda de recuperación con estabilidad macroeconómica.
Así lo reflejan las perspectivas elaboradas por las autoridades económicas, en las que para 2022 se prevé una tasa de inflación alrededor de 3,3%, junto a un crecimiento de la actividad económica en torno a 5,1%. Una revisión detallada de los anteriores elementos, junto a demás desarrollos de la economía boliviana en el último año y sus perspectivas, se encuentran en el presente Informe de Política Monetaria de julio 2022.
Es oportuno recordar que el Informe forma parte de los mecanismos de control social y de rendición de cuentas a la sociedad sobre las acciones adoptadas por el Banco Central en cumplimiento de su mandato constitucional, publicándose dos veces al año de forma ininterrumpida desde 2006.
Su lectura es importante, ya que las acciones descritas reflejan el compromiso del Banco Central de contribuir al crecimiento económico, precautelando la estabilidad de precios con soberanía monetaria, en un marco de eficiencia y transparencia institucional, a la altura de los desafíos del actual contexto económico nacional y mundial.
Tengo a bien ratificar una vez más dicho compromiso, en línea con el Modelo Económico Social Comunitario Productivo que nuevamente se viene implementando de forma exitosa tras la recuperación de la democracia en nuestro Estado Plurinacional.

Informe de Política Monetaria - Enero 2022
Documento Completo IPM
Resumen Ejecutivo IPM:

El 2021 se constituye como un referente tanto en la historia económica contemporánea del país como a nivel internacional. Por una parte, esta consideración responde a muchos factores y desarrollos externos, extensivos a otras economías, tanto avanzadas como emergentes y en desarrollo, con incidencia particular de aquellas más próximas a nuestro territorio. No obstante, factores intrínsecos de la economía boliviana, en cuanto a su evolución, marco institucional y gestión de políticas, también ejercieron un rol determinante, ameritando su consideración y análisis pormenorizado al momento de efectuar un balance del 2021.

El Informe de Política Monetaria (IPM) de Enero 2022 tiende a dicho objetivo, elaborando una lectura técnica y sistemática sobre el comportamiento de la macroeconomía boliviana, a la luz de la dinámica del contexto interno y externo; desde luego, ello procede haciendo énfasis en las políticas implementadas por la autoridad monetaria y los resultados alcanzados en la gestión 2021.

El Informe es parte de los mecanismos comunicacionales del Banco Central de Bolivia (BCB) que posibilitan la rendición de cuentas y la subsecuente evaluación de su desempeño, en cumplimiento del mandato constitucional recibido. Esta práctica de transparencia institucional, viene implementándose por un período bastante extendido, con la publicación ininterrumpida del IPM en dos ediciones anuales desde 2006. En materia del contenido del informe, cabe comenzar señalando que el año 2021 se continuó con la reconstrucción de la economía nacional y su gradual consolidación. Este proceso debe seguir y, de hecho, continuará su curso ya que existen aún mejoras que el Gobierno Nacional llevará adelante.

Todas las distorsiones y daños generados en 2020 y dada la magnitud de los embates externos e internos que enfrentó el país en esa gestión tuvieron que ser atendidos. En efecto, estos choques no tuvieron precedente, retroalimentándose en sentido negativo los efectos de la pandemia del COVID-19, junto a la crisis interna política-social, que había escalado en 2019 hasta la ruptura del marco constitucional y la posesión de un gobierno de facto. La acumulación de estos factores y la mala gestión de políticas, erigieron un cúmulo de problemas y propiciaron un conjunto de retrocesos económico sociales, que el Gobierno democrático tuvo que atender de manera pronta y oportuna, con medidas de alto impacto.

Tras la contracción del 8,8%, en 2020, la actividad económica se expandió en cerca del 8,9% al tercer trimestre en 2021. Esta reactivación fue de la mano de una mejora de la tasa de desempleo urbana que pasó de un 11,6% a 5,4% entre julio de 2020 y diciembre de 2021. Lo destacable es que esta recuperación no implicó un repunte de precios, manteniéndose la inflación en tasas bajas durante el año.

En gran medida estos resultados obedecieron a los efectos de las políticas económicas del gobierno nacional. Dentro de éstas, por parte del BCB destacó la inyección de liquidez a partir de instrumentos no convencionales, entre otros utilizados.

Fue también importante el ambiente de mayor certidumbre en el que se desenvolvieron los agentes económicos con incidencia favorable en sus expectativas. La recuperación de la institucionalidad democrática, la legitimidad gubernamental, los signos de recuperación de la economía y, en particular, el manejo de la crisis sanitaria, materializadas en el proceso de prevención, detección e inmunización, fueron importantes para infundir confianza en la población y para la recuperación de la economía.

En materia de salud pública, la gestión realizada representó mejoras sustanciales con relación al manejo en la primera ola de la pandemia, logrando reducirse marcadamente la tasa de letalidad asociada al virus durante las olas 2, 3 y 4 que tuvieron lugar en 2021. Ello ocurre a pesar de enfrentarse variantes con mayor facilidad de contagio y velocidad de transmisión y, algo igualmente importante, sin generar los costos incurridos en 2020 debido a medidas de confinamiento mal planificadas que debieron ser asumidas por la población, en particular por los grupos poblacionales más vulnerables.

La certidumbre y credibilidad de las políticas gubernamentales permitieron también el retorno de los depósitos de la población al Sistema Financiero, lo cual, junto a las medidas expansivas del BCB, contribuyó a que la liquidez se mantenga en niveles adecuados, generando una elevada disponibilidad de fondos prestables para su canalización al sector productivo por parte de las EIF.

Asimismo, esa certidumbre y mayor credibilidad, permitieron la estabilización del mercado cambiario, logrando que el volumen de transacciones de compra y venta del dólar retorne a sus niveles habituales, aspecto para el que fue importante la convergencia de las expectativas cambiarias. La política de estabilidad del tipo de cambio nominal y la gestión comunicacional del BCB contribuyeron a dicha normalización.

A su vez, el desempeño del mercado cambiario contribuyó a la estabilización de las reservas internacionales, logrando evitar que se replique la caída significativa experimentada en 2020. Este es uno de los principales resultados de la gestión que debe tomarse en cuenta. Para dicho efecto, fue también importante el desempeño excepcional del sector externo en 2021 con incrementos de las exportaciones tanto en volumen como en valor, lo que contribuyó a incrementar el ingreso de divisas al país junto a otros factores, como un mayor flujo de remesas.

En suma, estos resultados, además de otros logros, reflejan en general un balance positivo para la economía boliviana en 2021. No obstante, los gestores de política económica mantienen prudencia y mesura en sus evaluaciones, siendo clara la importancia de persistir en el propósito de consolidar la recuperación de la economía nacional en un marco de solvencia y estabilidad en el plano monetario, cambiario y financiero. No debe olvidarse que la pandemia aún sigue presente a nivel global, lo cual no es un riesgo menor, por lo que continuará generando desafíos a ser enfrentados. En ese marco y en función a los eventos del contexto externo e interno que puedan manifestarse, el BCB continuará aportando a la preservación de la estabilidad económica nacional, reafirmando su determinación de cumplir a cabalidad su mandato constitucional y de utilizar, efectiva y oportunamente, los instrumentos de política a su cargo.